La hoja de inventario con la que ordenamos el almacén de más de 200 restaurantes. Cuentas, y ella te dice lo que vale tu cámara y, sobre todo, cuánto producto se ha ido sin pasar por caja.

El lunes pides lo de siempre. El jueves te falta merluza y sobra tomate del anterior que ya no sirve. Nadie lo apunta, así que nadie lo sabe, y a final de mes el margen no aparece por ninguna parte.
Contar no es el problema: el problema es contar y no comparar. Si el número no se resta contra lo que has vendido, has hecho un censo, no un inventario. Y un censo no te ahorra un euro.

No, y ahí está la gracia. Veinte referencias bien contadas cada semana valen más que doscientas mal contadas cada trimestre. La hoja te ayuda a decidir cuáles.
Si no tienes los escandallos hechos, la pestaña de desviación no te va a decir gran cosa. Empieza por ahí y vuelve luego.
Llevo más de 25 años entre fogones y salas, y no he visto una sola cocina que perdiera dinero por vender poco. Se pierde por lo que entra y no sale por caja. Cuenta este domingo y mira el número.